Existen dos maneras de afrontar la cobertura de los riesgos que afectan a las mercancías transportadas.
En principio, y atendiendo únicamente a la legislación, bastaría con suscribir un seguro que cubriera la responsabilidad legal del transportista respecto de las mercancías transportadas. Dicho contrato incluye todos los supuestos de responsabilidad del transportista según la ley y las limitaciones cuantitativas por kg que establece la LCTTM/LOTT. Es un seguro de responsabilidad civil profesional.
Siguiendo con el supuesto de que cada parte asumiera sus riesgos, el cargador (cliente del transportista) debería suscribir un seguro de daños de la mercancía de la cual es propietario cubriendo los riesgos más adecuados a la naturaleza de la misma.
Sin embargo, la realidad del transporte –al menos en España- es muy distinta. Los clientes de los transportistas, en una proporción todavía muy significativa, “delegan” esa facultad de suscribir un seguro de daños en el transportista y le responsabilizan cualitativa y cuantitativamente por encima de lo establecido en la Ley. De esta manera, el transportista se ve obligado a suscribir un seguro de daños de coberturas amplias para poder dar respuesta a las diversas demandas de sus clientes.
Según establece el Código de Comercio, “podrán asegurar no sólo los dueños de las mercancías transportadas, sino todos los que tengan interés o responsabilidad en su conservación, expresando en la póliza el concepto en que contratan el seguro”. Es importante detenernos en el concepto “interés del seguro”. Tiene interés asegurado, y por tanto es susceptible de ser asegurado en una póliza de transportes, aquella persona que tiene una relación lícita de valor económico sobre un bien, es decir, ante un siniestro de la mercancía incurre o podría incurrir en alguna minusvalía de su patrimonio.
Además podemos incluir conceptos asegurables adicionales al valor intrínseco de la mercancía: gastos de transporte, beneficio esperado, derechos de aduana, primas de seguro, etc.…
En LLERANDI, la gran mayoría de las pólizas que tenemos intermediadas son suscritas por los transportistas “por cuenta de quien corresponda” (literal de nuestras pólizas). Esto quiere decir que aunque el transportista podría no tener interés asegurado –la mercancía no es suya- actúa por cuenta de otros, generalmente el propietario de la mercancía, dado que contractualmente él se ha comprometido a responder por el valor de la misma. Téngase en cuenta que en caso de que la Compañía pudiera demostrar que no existe interés asegurado por parte del asegurado, quedaría sin cobertura la mercancía siniestrada.
Aún así, existen riesgos que las pólizas de daños no cubren y las de responsabilidad LOTT/CMR sí que la incluyen y viceversa. De tal manera que están proliferando en el mercado pólizas “híbridas” que incorporan ambas coberturas para que el transportista no tenga que asumir riesgos que económicamente pudieran ser fatales para la evolución de su empresa.

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